ELLA

Tocaban la puerta. Sabía que era ella. Hace tres años que quería verla. Aunque mucho tiempo atrás había tenido miedo del encuentro, ese miedo desapareció cuando descubrí que ella era la solución a la soledad que sentía desde que era un niño. Ella desaparecería la angustia y ansiedad que había sentido siempre cuando me levantaba por las mañanas y también le daría el sentido que nunca había encontrado a mi vida pues era lo único seguro que tenía, lo único que siempre estaría junto a mí.

Ahora que estaba ahí esperándome tras la puerta, me acordé de mis amigos: de Lalo, de Patrick y de Rodo. Los tres habían estado con ella y compartían muchas cosas en común: su nobleza, las ganas de llevar la fiesta en paz, su entusiasmo y alegría que contagiaban a los que estaban a su alrededor. Además los tres eran jóvenes aunque no tanto como yo. Creo que todo eso le gustaba a ella y por esos motivos nos había escogido para estar a su lado.

Recuerdo que a ella le encantaba jugar ajedrez con todos los que estaba, era una campeona en este juego, se sabía los mejores trucos y siempre apostaba antes de empezar. La apuesta consistía en que si ganaba, ella se iba con su contrincante a un viaje y así hizo con Patrick, Rodo y Lalo. Yo no conocía muy bien este juego aunque en verdad yo no sabía casi nada de ninguna cosa. Era medio inútil con todo lo que tenía que ver con coordinar mis manos y eso se lo debía a mi padre pues siempre me había dicho “manos de mantequilla” y yo me llegué a creer eso.

Por cierto mi padre y toda mi familia se oponían que me fuera con ella. No entendían que con ella podría comenzar de nuevo, pasaría a otra etapa de mi vida donde tendría sosiego y paz. Ambos nos complementábamos: Yo necesitaba de ella y ella de mí.

Estaba a punto de abrir la puerta para verla cuando escuché el llanto de mi madre ,en esos instantes me detuve , me daba mucha lástima mi mamá y lo menos que quería era causarle dolor. Ya se lo había causado toda mi vida con mi malhumor e insolencias y también por eso es que deseaba irme con ella. No quería seguir haciendo daño a los que más me querían pues yo era perfecto para ello: Me esforzaba por lastimar a los que me amaban y por tratar bien a los que no merecían mi cariño. Nunca había demostrado mis sentimientos en público pues tenía miedo que no sean correspondidos pero en esa situación me olvidé de mis temores y abracé a mamá. Me abrazó tan fuerte pues sabía que ya me iba y me dijo que pronto iría a visitarme y a quedarse con nosotros. Luego se despidió.

Abrí la puerta. Sentí un inmenso alivio cuando la vi a los ojos, transmitían bastante calma y por fin sentí que yo descansaba. Ella me reprochó que la haya hecho esperar tanto. Le pedí que entrara un momento para presentarle a mamá pero cuando volteé mi madre ya no estaba. Ella me dijo que todavía no era hora de conocerla y que yo ya sabía lo que teníamos que hacer. Sacó un tablero de ajedrez que tenía guardado debajo de su abrigo negro. La partida no duró ni diez minutos pues como les mencioné antes yo era malo para esas cosas. Me recordó que al igual que Rodo, Patrick y Lalo yo me tendría que ir de viaje con ella ya que había ganado el juego. Así que me agarró la mano y emprendimos la travesía. Ella y yo. La muerte y yo.

Autora: Diana Zapata Vega
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