EL GATO SIN OJOS. LA HISTORIA DE UN ESCRITOR (CUENTO)



Escribo porque no tengo nada mejor que hacer, porque necesito que sepan la verdad y porque es lo único que él me deja hacer. 

Lo que me está ocurriendo es tan bizarro, paranormal e ilógico que no podría imaginar que mucha gente crea lo que estoy por contar. 

Soy un escritor de una editorial muy exigente. No hace mucho que he terminado un libro de auto ayuda o como suele decirse más a menudo, para la auto superación. Sin embargo el jefe de editores me indicó a última hora que el libro tenía errores de los cuales no me había percatado. Los errores tenían que ser corregidos cuanto antes para que el libro pueda iniciar su proceso de impresión la próxima semana. 

Por tal motivo viaje a una ciudad distante a la provincia de la cual provengo. Mi jefe, un advenedizo calvo, malhumorado y de mal aliento me obligó (sin razón aparente) a trabajar las correcciones en las instalaciones principales de la editorial, es decir, muy lejos. 

Siempre he creído no ser del agrado de mi jefe, quizá por ello buscó la manera de alejarme. Presumo que su intención real fue la de trasladarme permanentemente a otra ciudad. 

Recuerdo la tristeza y nostalgia que sentí al partir de mi hogar. Tuve que alejarme de mis mascotas; déjenme decirles, que desde siempre he sido amante de los animales y por ser un hombre solitario, algo callado no suelo compartir conversaciones como la gente común. Muchas veces prefiero terminar mi trabajo cuanto antes y regresar a casa para alimentar a mis peces y a mi fiel perro inglés. 

Desde mi estadía en la nueva ciudad los momentos de soledad y angustia se han vuelto más intensos, por lo cual decidí visitar una tienda de mascotas y quizás conseguir un compañero temporal, de esa manera estaría acompañado al regresar de la oficina para continuar con mi trabajo en casa. 

Aquel día camino a la tienda de mascotas encontré en mi camino a un gato negro que no tenía ojos. Extrañamente no me dio miedo, por el contrario la sensación de lástima recorrió mi cuerpo. Sin pensarlo mucho decidí adoptarlo. 

Lo primero que hice, fue llevar a mi nueva mascota al veterinario para recibir la opinión experta de tal trastorno. Luego de confirmar la sospecha de que el gato al parecer había nacido sin ojos, me dio unos medicamentos para combatir una pequeña infección que mi mascota tenía en una de sus piernas, algo que me fue fácil erradicar en tan sólo unos días. 

Una vez en casa lo dejé que jugara libre por el apartamento. Note que a pesar de estar ciego parecía entender con exactitud la ubicación de las cosas. Se manejaba muy bien caminando raudamente entre los muebles. No me pareció extraño. Siempre he creído que los gatos son animales muy hábiles con un gran poder de intuición y percepción. 

Todo comenzó una semana después de haber adoptado aquel vagabundo gato. Sentí cierto malestar al despertar aquella mañana, y créanme o no, al hacerlo, había frente a mí un hombre observándome directamente a los ojos, parado exactamente a un lado de mi cama, al menos eso creí que hacía, ya que noté que aquel hombre no tenía ojos para verme, en lugar de ellos poseía un par de oscuras cuencas vacías. El susto me paralizó. Lo único que logré fue emitir un ahogado grito. Al hacerlo aquel hombre se dejó caer al piso para andar en cuatro patas y luego acurrucarse en una de las esquinas de la habitación. Luego lo vi sacar de una bolsa que llevaba colgando, una libreta con una pluma con la cual comenzó a escribir.

Luego de unos largos segundos de estar en shock, tuve la fuerza de levantar la cabeza. El hombre no reaccionó, poco a poco me levanté, aprovechando lo concentrado que estaba él en su libreta, me acerqué a la puerta y la intenté abrir. Tenía algo abajo que lo atoraba; intenté sacarlo, cada vez con más desesperación y sin ningún efecto positivo. Me acerqué a la ventana, estaba tapizada de mucho papel de libreta. Noté que eran las bases con las que había escrito mi libro. Tras el papel apenas ingresaban delgados rayos de luz, lo suficiente para iluminar la habitación con una sombría claridad. Intenté quitarlos pero parecían estar perfectamente aferrados a la ventana, la golpeé sin un buen resultado, los vidrios parecían mucho más densos de lo normal. 

Volteé y desde su esquina el hombre me estaba observando fijamente, con la profunda oscuridad interna de sus ojos. Con mucho miedo, tratando de simular el temblor de mi cuerpo, me esforcé en preguntarle: “¿quién eres?, ¿qué quieres de mí?” a cambio de ello recibí un fuerte maúllo que me pasmó un nudo en la garganta y me hizo pensar un poco. Busqué con la mirada entre los muebles de la habitación a mi gato sin ojos pero no lo encontré. Aún temblando acerqué mis ojos a la mirada inexistente de aquel hombre que parecía estar hecho de sombras. Sentí su mirada penetrante y fija encima de mí, y comprendí que aquello que tanto me observaba era mi gato. 

Al notar que me había dado cuenta, el hombre se me acercó. Yo desesperado intentaba alejarme de él pero el temor me tenía paralizado, se arrulló a mi lado ronroneando. A esa altura yo estaba a punto de llorar. Cuando vi que se durmió, intenté pensar alguna solución, pero en ese momento no podía hacer nada, pues si me movía seguro que aquel hombre se despertaría. No pasó mucho tiempo cuando me sentí desvanecer en un profundo sueño. 

Al despertar aquel hombre estaba de nuevo en su esquina escribiendo en su pequeña libreta, esta vez volteando hacia mí varias veces para luego continuar escribiendo. Me levanté, esta vez con más confianza 

Me dio hambre, entonces volvió el pánico de nuevo, estaba encerrado en mi propia habitación, no podía salir a la cocina, no tenía que comer. Mientras pensaba esto escuché un pequeño crujido, era el estómago del gato, que ahora era un hombre ensombrecido. Los dos observamos su panza, pero luego él me volteó a ver a mí. Sin nada que hacer, con los nervios de punta por su mirada oscura tan penetrante le dije tartamudeando: “no puedo salir a la cocina, sólo si me dejas salir podremos comer”, al oír esto me observó por breves segundos para luego volver a su libreta. Pensé y busqué soluciones pero no encontraba ninguna, estaba y sigo encerrado aquí, con él. 

… 

En estos momentos sólo puedo pensar en una cosa, en un sólo plan: que me rescataran. En menos de una semana seguro que la editorial notará que no voy a la oficina e intentarán contactarme. Debido a que no responderé, hablarán a la policía e irrumpirán aquí. Si el gato pudo volverse humano, o humanoide, o lo que quiera que sea eso, podrá volver a lo que antes fue, entonces pensarán que fui yo quien se encerró aquí, y el gato saldrá inocente y atrapará a alguien más. 

En este momento comienzo a escribir esto, para que cuando entren aquí, si es que me hallan muerto de hambre, lean esto y se encarguen del maldito gato. 

… 

Han pasado tres días de la última vez que escribí. Al parecer no soy el único que muere de hambre. Siento que el gato también está afectado, pero no hace nada, sigue escribiendo, sigue observándome, pareciera que me analiza, ¿Soy su experimento?, ¿Soy su muñeco de prueba?, ¿Qué diablos quiere de mí?, ¿Por qué hace esto?, ¿No he sido el único al que le ha hecho esto?. Quiero salir de aquí, quiero que ese gato se aleje de mí, no puedo hacer nada, no cambiaría nada, ¿Seguiré atrapado aquí si lo mato?, ¿Debo seguir su juego, terminar su prueba?. Quizás así me deje salir, quizás así quede en libertad. Sólo debo esperar. Dejarlo a él terminar. No preocuparme y seguir tranquilo. Estoy al borde de la locura, ayuda por favor, AYUDA, AYÚDENME, NO QUIERO SEGUIR AQUÍ, AYUDA!” 

... 

Informe Policial: Texto encontrado junto a un cuerpo dentro del departamento. El cuerpo se encontró en la cama, sobre él un gato negro y sin ojos. Al cuerpo le faltaban partes de su piel, debajo de las manos habían restos de carne. Lo más espeluznante pareciera ser que alguien le hubiera arrancado los ojos. Los policías antes de leer esto creían que el estrés había llevado al escritor al borde de la locura para encerrarse y luego alimentar a su gato y a él mismo con su propia carne, sin embargo el diario encontrado al lado del cadáver dio a entender otra cosa.  
En cuanto los policías entraron al cuarto el gato volteó y los observó con sus profundas cuencas vacías. Miró fijo a uno de los policías ahí presentes y extrañamente ese fue el único al que el pánico no poseyó, tomó al gato entre sus brazos mientras registraba el lugar. Al terminar la inspección, antes de que alguien pudiera leer el diario, aquel policía llevó al gato a su casa. Desde hace siete días no se tienen noticias de él ni de su familia.



Autor: Anónimo 
Corrección: Miguel E. López Dávila 

Reacciones:

0 comentarios:

Publicar un comentario