"I-DOSER": UNA NUEVA MANERA DE DROGARSE MEDIANTE LA MUSICA

“E-drugs o droga virtual” esta fundamentada en los latidos binaurales, un fenómeno neurológico que consiste en emitir sonidos distintos en cada oído para estimular al cerebro, produciendo sensaciones de euforia, estados de trance o de relajación, aseguran quienes las consumen.

Se trata de sesiones (dosis) de entre 15 y 30 minutos de zumbidos, que se pueden descargar de varios portales especializados a unos precios que oscilan entre los 7 y los 150 euros y que transportan a los usuarios a unas sensaciones fuera de lo común. 

La imagen que se puede tener de este consumo de esta “droga”, digamos, por ejemplo, un chico tumbado en su cama escuchando su reproductor de música, dista mucho de los tradicionales estupefacientes de consumo oral. 


¿Pero en donde se origino esta nueva tendencia?
Nace en los Estados Unidos, logrando un éxito que se ha expandido rápidamente en diferentes continentes y países del mundo, algo que ha despertado reticencias en ciertos sectores, pese a que no crean adicción alguna, dicen los expertos. 

Fuentes de la misión interministerial de la lucha contra la droga y la toxicología de Francia explicaron a Efe que se trata de un fenómeno que no es “ni inquietante, ni emergente” y que, por el momento, no hay razón para prohibirlo. 

No obstante, estas drogas digitales han irrumpido en este país en los últimos meses y por ahora se desconoce qué tipo de efectos pueden acarrear a los consumidores porque todavía “no hay estudios realizados al respecto” en Francia. 

Expertos en neuropsicología remarcan que los latidos binaurales relajan, ayudan a la concentración y se usan con fines terapéuticos para enfermedades como el autismo, entre otras. Esto gracias a ciertas frecuencias que pueden estimular la imaginación o la creatividad, lo que podría crear las alucinaciones que los consumidores afirman tener durante o después de escuchar las sesiones. 

Algunas voces alertan sobre la posibilidad de que, a la larga, las drogas digitales puedan provocar disfunciones cerebrales. Los hipotéticos peligros de las “e-drugs” no parecen preocupar demasiado a los más jóvenes, que comparten sus experiencias en las redes sociales, donde recomiendan las mejores dosis. 

“Sentí llamas en mis brazos, que bajaban poco a poco hasta los dedos de los pies, tenía la impresión de que mi brazo pesaba una tonelada y uno de mis dedos estaba encorvado. Entonces empecé a sentirme muy raro. Fue genial”, relata en un chat “Sugar Killer'”, quien dice que ha visto a una tortuga, un elefante verde y hasta un Papá Noel derrapando a los pies de su cama. 

Las dosis más populares en la red tienen nombres tan sugerentes o psicotrópicos como “Orgasm”, “Peyote”, “Marijuana” o “Lucid Dream”, que son algunas de las más descargadas. 

“Mi corazón latía muy fuerte y temblé como un loco. Después me calmé y la dosis se paró. Respiré fuerte y pensé que fue genial. Efectos después de la dosis: excitación y ganas de hacer muchas cosas. La vida es genial” , dice una usuaria bajo el pseudónimo de “Larta”. 

Las sesiones se engloban por temas. Así, se pueden encontrar algunas prescritas para desarrollar la imaginación, disfrutar más de una partida de videojuego o de actividades deportivas o, incluso, para aumentar el placer de las relaciones sexuales. 

“Al principio nada de especial, como siempre, relajación muscular... pero a los 10 minutos me sentí súper bien. Tenía más sensibilidad en mis extremidades, de golpe tuve una erección”, comenta otro internauta. 

“Me metí a escribir en inglés sin hacer ninguna falta, parecía una verdadera novela, las ideas fluían por mi cabeza. Nunca tuve la necesidad de buscar en el diccionario, las palabras venían solas. No había acabado de escribir una escena y ya tenía la siguiente en la cabeza” , asegura “Aiana”. Una “droga” joven que, a pesar de las dudas sobre su consumo, prolifera rápidamente 

Se “toma” con tanta naturalidad como se escucha música, no parece estar asociada a actividades ilegales y sus efectos y propiedades corren como la pólvora por internet, gracias a las redes sociales.

A continuación un reportaje corto de esta nueva droga y sus efectos en algunos consumidores chinos:



Vía: El espectador

EL PADRE QUE CONVIRTIÓ A SU HIJO EN SUPER HÉROE (VÍDEO VIRAL)

Algunos le dirían el padre del año. Se trata de un padre como cualquier otro, que llevado por la imaginación de un niño, creo divertidos vídeos de su hijo en breves escenas de superhéroe añadiendo efectos especiales a sus vídeos domésticos.

Se le conoce como Action Movie Kid, el héroe de acción más adorable de la red.


Daniel Hashimoto puede ser considerado el padre más cariñoso del año. Este animador de DreamWorks establecido en Los Angeles utiliza sus habilidades con el After Effects para transformar a su hijo James en un superhéroe con poderes y gadgets asombrosos. Tras pasar por sus manos, las situaciones cotidianas del niño se convierten en aventuras repletas de explosiones, fuego y disparos. A continuación los vídeos que estoy seguro les encantara.


En YouTube, James es conocido como Action Movie Kid y sus vídeos acumulan centenares de miles de visitas. El vídeo de la espada láser, por ejemplo, ha alcanzado cerca de tres millones de visionados en las escasas dos semanas que lleva online. En otros vídeos, podemos ver a James despegando en una nave espacial camuflada en el parque de juegos de un McDonald's o desapareciendo en un charco de agua. Salta a la vista que, tanto el niño como el padre, se lo pasan de maravilla.



En declaraciones a Daily News, Hashimoto ha explicado que empezó a hacer los vídeos para sacar partido de la imaginación de su hijo. “James es muy divertido e imaginativo. Casi nunca ve la televisión o películas. Jugamos a toneladas de juegos con él durante todo el día”, ha dicho. Teniendo en cuenta que el niño solo tiene 3 años, evidentemente se mostró alucinado la primera vez que vio los vídeos manipulados. “¿Realmente hice esto?” le preguntó a su padre.

Hashimoto ha trabajado en películas como “Kung Fu Panda 2” o “Cómo Entrenar a tú Dragón”. Pero, probablemente, las creaciones de las que más orgulloso se siente hasta el momento sean estos geniales vídeos caseros.








Ground Noticias

LA INSPIRACION DE LA PELICULA SHUTTER: "EL ABRAZO FRIO"(CUENTO)

Me gusta mucho la película de terror "Shutter". Hasta podría decir que esta cinta tailandesa del 2004 es una de las mejores de terror de la última década pero hay algo en ella que me hace sospechar que está inspirada en el cuento "El abrazo frío" de Mary Elizabeth Braddon. Tal vez lo que levanta en mí esta ligera sospecha, es su enorme parecido al cuento de Mary Braddon. A continuación les dejo el cuento "El abrazo frío"- una excelente historia-, para que ustedes mismos saquen sus propias conclusiones :

Él era un artista; las cosas como las que le pasaron, algunas veces les pasan a los artistas.
Él era alemán; las cosas como las que le pasaron, algunas veces le pasan a los alemanes.
Él era joven, apuesto, estudioso, entusiasta, metafísico, descuidado, incrédulo, despiadado.
Y siendo joven, apuesto, y elocuente, también fue amado.
Él era un huérfano, bajo la tutoría del hermano de su difunto padre, su tío Wilhelm, en cuya casa él había vivido desde su temprana infancia; y aquella que lo amó era su prima, Gertrude, a quien le juró que amaba, a cambio.

¿Él la amaba? Sí, cuando por primera vez se lo juró, sí. Pero pronto su pasión terminó; ¡y cómo al final se convirtió en un sentimiento miserable en el egoísta corazón del estudiante! ¡Pero que bello sueño, cuando él tenía solo diecinueve años, y había regresado de su aprendizaje con un gran pintor en Amberes, y ellos vagaban juntos en los más románticos alrededores de la ciudad, con rosado crepúsculo o con la divina luz de luna o la brillante y jovial luz matinal!

Ellos tenían un secreto, que era la ambición del padre de la chica de que ella tuviera un rico pretendiente. Era una lúgubre visión frente al amor soñado.

Así que se comprometieron; y estando uno al lado del otro, cuando la agonizante luz del sol y la pálida luz de la luna dividían los cielos, él puso el anillo de compromiso en el dedo de ella, en su blanco e inmaculado dedo, cuya delgada forma él conocía bien. Este anillo era bastante particular, tenía la forma de una gran serpiente dorada, la cola en la boca, que era el símbolo de la eternidad; había pertenecido a su madre, y él lo podría haber reconocido de entre cientos. Si se hubiera vuelto ciego al otro día, él podría distinguirlo entre cientos con solo el tacto.

Lo puso en el dedo de ella, y ambos se juraron fidelidad, el uno al otro, por siempre jamás, sin importar peligros o dificultades, en los pesares y en los cambios, en la riqueza o la miseria. Aún debían conseguir el consentimiento del padre para consumar su unión, pero ya estaban comprometidos, y solo la muerte podría separarlos.

Pero el joven estudiante, burlón de las revelaciones, y entusiasta adorador de lo místico, preguntó:

"¿Puede la muerte separarnos? Yo podría regresar a ti, Gertrude. Mi alma podría volver para estar cerca de mi amor. Y tú, tú, si tu mueres antes que yo, la fría tierra no podría separarte de mí; si me amas, tu regresarías, y nuevamente estos bellos brazos estarían alrededor de mi cuello, como lo están ahora."

Pero ella le respondió, con un extraño brillo en sus profundos ojos azules, que el que muriera lo haría en paz con Dios e iría feliz al cielo, y no podría regresar a la atribulada tierra; y solamente el suicidio, la pérdida que provoca que los afligidos ángeles cierren las puertas del Paraíso, provoca que el infausto espíritu persiga a los vivos.

Transcurrió el primer año de su compromiso, y ella se quedó sola, a causa del viaje de él a Italia, por comisión de algún hombre rico, para copiar Rafaeles, Tizianos y Guidos en una galería en Florencia. Quizás habría marchado para ganar fama; pero esto no era lo peor... ¡sino que se había ido! Por supuesto, su padre extrañó a su joven sobrino, quien había sido como un hijo para él; y pensó que la tristeza de su hija no era más que la que una prima puede sentir por la ausencia de un primo.

Durante ese tiempo, las semanas y los meses pasaron. Los amantes se escribían, primero muy seguido, luego con menos frecuencia, al final dejaron de hacerlo.

¡Cuántas excusas ella se inventó para él! ¡Cuántas veces ella fue a la lejana oficina postal, a la que él dirigía sus cartas! ¡Cuántas veces ella esperó, solo para verse decepcionada! ¡Cuántas veces ella desesperó, solo para tener una nueva esperanza!

Pero la real desesperación vino, al final, y no se fue más. El rico pretendiente apareció en escena, y el padre se decidió. Ella tenía que casarse de inmediato, y la fecha de la boda se fijó para el quince de junio.

La fecha parecía abrasarle la mente. La fecha, escrita en fuego, danzaba permanentemente frente a sus ojos. Esa fecha, gritada por las Furias, sonaba continuamente en sus oídos.

Pero aún no era tiempo, estábamos a mediados de mayo, estábamos a tiempo para escribirle una carta a Florencia; era tiempo de que regrese a Brunswick, para tomarla y unirse en matrimonio a ella. A pesar de su padre, a pesar del mundo entero.

Pero los días y las semanas volaron, y él no escribió. Y tampoco vino. Esto en verdad la desesperó, y ese sentimiento se adueñó de su corazón y ya no se marchó.

Llegó el catorce de junio. Por última vez ella fue a la pequeña oficina postal; por última vez hizo la vieja pregunta, y por última vez le respondieron: "No; no hay carta."

Por última vez, ya que al otro día sería la fecha fijada para la boda. Su padre no escucharía apelaciones; su rico pretendiente no escucharía sus oraciones. Ellos no querían demorarse ni un solo día, ni una hora; esa noche sería suya, esa noche, ella podría hacer lo que quisiera.

Ella tomó otro camino que el que llevaba a su casa; se dio prisa a través de algunas callejuelas de la ciudad, pasó por un solitario puente, donde ella y su amado habían estado de pie frente al crepúsculo, mirando el cielo tornarse rosado, y el sol caer sobre el horizonte del río.

Él regresó de Florencia. Él había recibido la carta de ella. Esa carta, borroneada con lágrimas, surcada de ruegos y llena de desesperanza. Él la había recibido, pero ya no la amaba. Una joven florentina, quien había posado para él como modelo vivo, poblaba sus ilusiones. Y Gertrude había quedado casi olvidada. Si ella tenía algún pretendiente rico, bien; la iba a dejar que se casara; mejor para ella, mejor para él. Él ya no tenía deseos de encadenarse a ninguna mujer. ¿No tenía su arte? Su eterna novia, su constante mujer.

De esta manera él decidía demorar su vuelta a Brunswick, de manera que cuando arribara, el casamiento ya se hubiera celebrado, y él pudiera saludar a la novia.

¿Y los votos, las ilusiones místicas, la creencia en su regreso después de la muerte, para abrazar a su amada? Oh, extinguidos para siempre de su vida; desaparecidos para siempre, solo sueños irracionales de su juventud.

Así que el quince de junio él entró en Brunswick, por ese mismo puente en el que había estado de pie, con las estrellas cayendo sobre ella, bajo el cielo nocturno. Caminó a través del puente, un perro tosco le seguía el paso, y el humo de su corta pipa rizándose en forma de guirnaldas fantásticas en el puro aire de la mañana. Llevaba su cuaderno de bocetos bajo el brazo, y se su ojo artístico se vio atraído por algunos objetos, ante los cuales se paró a dibujarlos: unas hierbas y unos guijarros sobre la ribera del río; un despeñadero sobre la orilla opuesta; un grupo de sauces a la distancia. Cuando hubo terminado, admiró su dibujo, cerró el cuaderno, vació las cenizas de la pipa, volvió a llenarla con su bolsa de tabaco, y cantó el refrán del feliz bebedor, llamó al perro, fumó nuevamente, y siguió caminando. Súbitamente volvió a abrir el cuaderno; esta vez le atrajo un grupo de figuras, pero ¿qué eran?

No era un funeral, puesto que no estaban de luto.

No era un funeral, pero había un cadáver en un tosco ataúd, cubierto con una vieja vela, llevada por dos de los portadores.

No es un funeral, puesto que los portadores son pescadores, pescadores en su atuendo de todos los días. A unas cien yardas de donde él estaba, hicieron un alto en el camino y tomaron un respiro. Uno se quedó parado a la cabeza del ataúd, los otros se sentaron a los pies.

Y de esta manera, él dio dos o tres pasos para atrás, seleccionó su punto de vista, y comentó a esbozar un rápido contorno. Lo pudo terminar antes que volvieran a ponerse en marcha; pudo escuchar sus voces, a pesar que no podía entender sus palabras, y se preguntó de que podrían estar hablando. Caminó hacia ellos y se les unió.

"Mis amigos, ¿llevan ahí un muerto?" preguntó.

"Sí; un muerto que fue echado a tierra hace una hora."

"¿Ahogado?"

"Sí, ahogado. Una joven, muy bonita."

"Las suicidas siempre son bonitas," dijo el pintor; y entonces se quedó para un rato de pipa y meditación, mirando la sutil forma del cuerpo y los pliegues de la lona que lo cubría.

La vida era una temporada de verano para él, joven, ambicioso, listo, ya que aquello que parecía luto y congoja, no parecía tener parte en su destino.

Al final, pensó que, si esta pobre suicida era tan bonita, él tenía que hacer un boceto de ella.

Dio a los pescadores algún dinero, y ellos accedieron a remover la lona que cubría sus facciones.

No; se diría a sí mismo. Él levantó la áspera, tosca y húmeda lona de su rostro. ¿Qué rostro? El mismo que había brillado en los irracionales sueños de su juventud; el rostro que una vez fue la luz de la casa de su tío. Su prima Gertrude... ¡Su prometida!

Él vio, como en un atisbo, mientras respiraba profundo, las facciones rígidas, los brazos fríos, las manos cruzadas sobre el pecho helado; y, sobre el tercer dedo de la mano izquierda, el anillo, el mismo que había sido de su madre, esa serpiente dorada; el anillo, el mismo que si él hubiera sido ciego, podría reconocer solo al tacto entre cientos de anillos.

Pero él es un genio y un metafísico, una pena, una verdadera pena. Su primer pensamiento fue la huida, una huida hacia cualquier otro lugar, fuera de aquella maldita cuidad, cualquier lugar, lejano a aquel espantoso río, cualquier lugar libre de los recuerdos, lejos del remordimiento: cualquier lugar para olvidar.

Sólo cuando su perro se echó a sus pies, fue que se sintió exhausto, y buscó sentarse en algún banco, para descansar. ¡Cómo le daba vueltas el paisaje frente a sus obnubilados ojos, mientras en su cuaderno el boceto de los pescadores y el féretro cubierto con una lona resplandecía por sobre la penumbra!

Al final, luego de quedarse un largo rato sentado a un costado del camino, un rato jugando con el perro, otro rato fumando, otro rato despatarrándose, mirando todo como cualquier estudiante feliz y haragán podría haber mirado, aunque por dentro devorándose la mente con un mismo pensamiento, el de aquella escena matinal, recuperó la compostura, y trató de pensar en sí mismo, ya no más en el suicidio de su prima. Aparte de esto, él no estaba peor de lo que había estado el día anterior. No había perdido su genio; el dinero que había ganado en Florencia aún permanecía en su bolsillo; él era su propio maestro, libre de ir adonde quisiera.

Y mientras seguía sentado en el costado del camino, tratando de separarse a sí mismo de la escena que vio a la mañana, tratando de expulsar de su mente la imagen del cadáver cubierto con la lona de vela, tratando de pensar que haría al siguiente momento, donde iría, lo más lejos posible de Brunswick y del remordimiento, la vieja diligencia vino a los tumbos. Él la recordó; iba desde Brunswick a Aix-la-Chapelle.

Él le silbó al perro, gritó al cochero que detuviera su vehículo y brincó dentro del carro.

Durante toda la tarde, y luego, toda la noche, a pesar que no pudo cerrar sus ojos, nunca dijo una palabra; pero cuando la mañana volvió a romper, y los otros pasajeros se despertaron, comenzando a hablarse unos con otros, él se plegó a la conversación. Les contó que era un artista y que iba a Colonia y a Amberes para copiar unos Rubens, y la gran pintura de Quentin Matsys, en el museo. Recordó, luego de hablar y reír bulliciosamente, y antes, mientras hablaba y reía de manera ruidosa, a un pasajero, mayor y más serio que el resto, que abrió su ventana, cerca suyo, y le dijo que pusiera su cabeza fuera. Recordó el aire fresco golpeando en su cara, el canto de los pájaros en sus oídos, y los campos que se extendían hacia el horizonte frente a sus ojos. Él recordó esto, y luego cayó en un estado inánime, en el piso de la diligencia.

Fue la fiebre que lo mantuvo en el lecho durante unas seis largas semanas, en un hotel de Aix-la-Chapelle. Él se puso bien, y, acompañado por su perro, comenzó a caminar a Colonia. Nuevamente era su antiguo ser. De nuevo el humo azulado de su corta pipa daba vueltas por el aire de la mañana, mientras él cantaba una vieja canción de la universidad que festejaba el buen beber, y de nuevo parando aquí y allá, meditando y dibujando bosquejos.

Él era feliz, y había olvidado a su prima, y así se dirigía a Colonia.

Fue en la gran catedral que se quedó parado, con el perro a su lado. Era de noche, las campanas habían terminado de anunciar la hora, y dieron las once; la luz de la luna llena iluminaba el magnífico edificio, sobre el cual el ojo del artista vagaba en busca de la belleza de la forma.

No estaba pensando en su prima ahogada, ya que la había olvidado y ahora se sentía feliz.

Súbitamente alguien, algo, por detrás suyo, le colocó dos fríos brazos alrededor de su cuello, y abrazó las manos sobre su pecho.


Y no había nadie detrás suyo, ya que en la calle bañada por la luz lunar, se proyectaban solo dos sombras, la propia y la de su perro. Rápidamente se dio la vuelta, pero no había nadie, nada que ver a lo largo y a lo ancho de la cuadra, más que él mismo y su perro; y a pesar que lo sintió, no pudo ver los frígidos brazos que se abrazaron a su cuello.

No era un abrazo fantasma, ya que él pudo sentirlo al tacto, aunque no podía ser real, ya que no podía ver nada.

Trató de quitarse de encima esa gélida caricia. Se puso sus propias manos en el cuello para desunir aquellas que lo rodeaban. Pudo sentir los largos y delicados dedos, húmedos al tacto, y sobre el tercer dedo de la mano izquierda, logró palpar el anillo que había sido de su madre, la serpiente dorada, el anillo que él había dicho que podría reconocer al tacto entre cientos de ellos. ¡Él ahora lo sabía!

Los helados brazos de su prima muerta estaban rodeándole el cuello, las manos de ella estaban firmemente agarradas entre sí sobre su pecho. Se dijo a sí mismo que si se estaría volviendo loco.

"¡Up, Leo!" se gritó. "¡Vamos, muchacho!" y el Terranova saltó a sus hombros, y cuando sus patas tocaron las manos de la muerta, el animal lanzó un terrorífico aullido, y salió disparado del lado de su amo.

El estudiante se quedó parado a la luz de la luna, con los brazos muertos alrededor de su cuello, y el perro a distancia considerable, aullando lastimosamente.

Un sereno, alarmado por el aullido del animal, llegó a la escena para ver que era lo que ocurría.

Al siguiente instante el gélido abrazo se desvaneció.

El joven marchó a la casa del sereno y luego al hotel. Antes le dio un dinero; en gratitud podría haberle dado la mitad de su pequeña fortuna.

¿Volvió a aparecer este abrazo mortal?

Intentó no volver a quedarse solo; se hizo con cientos de conocidos, y compartió los cuartos de otros estudiantes. La gente comenzó a notar su extraño comportamiento, y comenzaba a creer que estaba loco.

Pero, a pesar de estos intentos, otra vez se quedó solo; fue una noche en que la plaza quedó desierta por un momento, y él comenzó a caminar por la calle, pero la calle estaba también desierta, y por segunda vez sintió los fríos brazos sobre su cuello, y por segunda vez, cuando llamó a su animal, este saltó lejos de su amo con un lastimero aullido.

Luego de dejar Colonia, ahora viajando a pie por necesidad (ya que su dinero comenzaba a escasear), se unió a unos vendedores ambulantes, de manera que podía estar todo el día con gente, y hablar con quien quiera que se encontraba, tratando de llegar a la noche y estar en compañía de alguien.

A la noche dormía cerca del fuego de la cocina de la posada en la que paraba; pero cualquier cosa que hiciera, él se quedaba solo con frecuencia, y siendo cosa común para él, volvía a sentir el frío abrazo alrededor de su cuello.

Muchos meses pasaron desde la muerte de su prima, otoño, invierno, hasta que llegó la primavera. Su dinero casi se había agotado, su salud estaba severamente dañada, y él era la sombra de quien solía ser. Se encontraba cerca de París. Había acudido a esta ciudad durante la época del Carnaval. En París, la época del Carnaval le significaba que no se volvería a quedar solo, y no volvería a sentir esa mortal caricia, hasta que podría recobrar su alegría perdida, su estado de salud, y una vez más reiniciar su oficio y profesión, para una vez más ganar dinero y fama por su arte.

¡Cuánto que intentó salvar la distancia que lo separaba de París, mientras día a día se debilitaba más y más, y su caminar se hacía más lento cada vez!

Pero al final, luego de mucho tiempo, logró alcanzar la ciudad. Esta es París, en la que él ingresa por primera vez, París, la que había soñado tanto, París cuyo millón de voces podía exorcizar su fantasma.

París le pareció esa noche un vasto caos de luces, música y confusión. Luces que danzaban ante sus ojos y que jamás se quedaban quietas, música que sonaba en su oído y lo ensordecían, confusión que hacía que su cabeza se vea presa de un inacabable remolino.

Llegó a la Casa de la Opera, donde se daba el baile de máscaras. Había ahorrado un dinero para comprar un boleto de admisión, y para alquilar un disfraz de dominó para cubrir su zaparrastrosa indumentaria. Parecía que había pasado solo un momento desde que había pasado las puertas de la ciudad y ahora se encontraba en medio de un salvaje alboroto en el baile de la Casa de la Opera.

No más oscuridad, no más soledad, sino que una multitud enloquecida, gritando y bailando frenéticamente, del brazo de una chica.

La tempestuosa alegría que sentía seguramente haría que regrese su vieja despreocupación. Él pudo escuchar a la gente a su alrededor hablando de la salvaje conducta de algunos estudiantes borrachos, y fue a él a quien señalaron mientras decían esto, a él, que no se había mojado los labios desde la noche anterior; a pesar que sus labios estaban deshidratados y su garganta seca, él no podía beber. Su voz era densa y ronca, y su articulación poco clara; pero su vieja despreocupación volvió, y él se hizo poco problema.

La chica se cansó, su brazo permaneció en su hombro, mientras las otras bailarinas se fueron yendo, una por una.

Las luces de los candelabros, fueron extinguiéndose una por una.

Los decorados comenzaron a oscurecerse ante la disminución de la iluminación.

Una débil luz de las últimas lámparas, y un pálido haz de luz grisácea proveniente del nuevo día, comenzó a avanzar por entre las persianas medio abiertas.

Y por esta luz la chica se fue desvaneciendo. Él miró en su rostro. ¡Cómo iba sucumbiendo el brillo de sus ojos! De nuevo volvió a mirar en su rostro. ¡Qué pálido se había puesto su rostro! Y una vez más volvió a mirar, y ahora observaba la sombra del que fue un rostro.

De nuevo, el brillo de los ojos, el rostro, la sombra del rostro. Todo se había ido. Y él volvió a quedarse solo; solo en un salón tan vasto.

Solo, y, en un terrible silencio, escuchó los ecos de sus propios pasos en una tétrica danza que no tenía música.

Sin ninguna otra música más que el golpeteo del corazón contra su propio pecho. Los brazos helados volvían a rodearle el cuello, a arremolinarse en torno suyo, ellos no iban a soltarse, tampoco a fundirse; él ya no podía escapar de aquel álgido abrazo más de lo que podía escapar de la muerte. Miró detrás suyo, no había nada más que él mismo en un gran salón vacío; pero podía sentirlo, el frío mortecino, y aquellos largos y delgados dedos, y el anillo que había sido de su madre.

Trató de gritar, pero ya no tenía más poder en su garganta reseca. El silencio del lugar únicamente fue roto por los ecos de sus propios pasos en aquella danza de la que no podía liberarse a sí mismo. ¿Quién podía decir que no tenía pareja de baile? Los gélidos brazos que estaban prendidos a su pecho. Y él no rehuiría de tal caricia. ¡No! Una polka más y caería muerto.

Las luces se apagaron del todo, y media hora después, los gendarmes llegaron con una linterna para ver si el salón había quedado vacío; un perro los seguía, un gran perro que habían encontrado sentado frente a la entrada del teatro. Cerca de la entrada principal tropezaron con...

El cadáver de un estudiante, que había muerto de inanición, y por la rotura de los vasos sanguíneos.

LES REVENANTS, UNA EXTRAORDINARIA SERIE DE MUERTOS VIVIENTES

Para aquellos a los que nos gustan las películas y series de los muertos que regresan del más allá; al igual que The Walking Dead, hay una serie más que excelente que tiene como tema central a los muertos vivientes y es "Les Revenants". 

Esta serie francesa de ocho capítulos narra lo sucedido en una pequeña ciudad donde un buen día empiezan a resucitar los muertos. En un principio, Les Revenants explora los problemas de adaptación que experimentan aquellas personas que han revivido sin saber cómo ni por qué —y que ni siquiera recuerdan haber muerto— cuando retornan a sus hogares, causando la previsible conmoción entre los vivos. Además en la serie van apareciendo misterios nuevos y cada episodio termina con un muy interesante cliffhanger. Vale aclarar que un cliffhanger es una escena que normalmente, al final del capítulo de una serie de televisión, cómic, película o libro se espera que continúe en el otro capítulo pues ha generado un enorme suspenso o shock necesario para hacer que la audiencia se interese en conocer el resultado o desarrollo de dicho efecto en la siguiente entrega.

Uno de los aspectos muy bien hechos y más que notables de Les Revenants, es que tiene trazas del director Luis Buñuel con su cinta El ángel exterminador, o de las pesadillas metafóricas de José Saramago al estilo Ensayo sobre la ceguera. Incluso hay momentos que podrían traernos a Borges a la memoria. Sea como fuere, cito estas referencias porque el desenlace de Les revenants tiene más un espíritu de metáfora filosófica que de ejercicio de género fantástico.

Eso no significa que la serie sea como una película de Ingmar Bergman ni mucho menos. Tomemos por ejemplo el primer episodio, que está casi enteramente construido a base de suspense. Aunque ya sepamos lo que va a suceder —van a resucitar los difuntos— el modo en que se nos presenta ese retorno de los muertos no puede ser calificado de otra manera como de absolutamente brillante. 


De hecho, ese capítulo inicial perfectamente puede contener 50 de los mejores minutos de televisión y cine. Guión y dirección se las arreglan para tenernos en vilo y ponernos un escalofrío en el cuerpo, en la mejor tradición del cine de muertos vivientes. 

Puede decirse sin miedo que Les revenants está al nivel de lo mejor que puedan producir los Estados Unidos en su género. De hecho, creo que se está preparando un remake americano… lo cual, por cierto, no parece una idea demasiado buena. No sé si una serie americana podrá captar el espíritu de la original. 

En resumen, Les revenants es una serie fascinante, más que recomendable y que cualquier espectador inteligente disfrutará.


INTRO DE LOS SIMPSONS EN LA VIDA REAL (VÍDEO, COMEDIA)



Todos conocen la peculiar intro de la famosa serie "Los Simpsons", pero alguno de ustedes se a preguntado como serian estos personajes en un mundo real? A continuación les traigo la divertida intro de los Simpsons en personajes de carne y hueso, y aunque este vídeo recreado por la empresa creativa DevilFish ronda por el Internet desde hace unos años no deja de ser una parodia genial de esta serie. Disfrútenla.



ARTISTA SE COMPRA SU FAMILIA DE MANIQUIES Y LE CIERRA LA BOCA A LA SOCIEDAD



“¿Eres una chica tan encantadora. ¿Por qué no estás casada?”. Esa es la pregunta que Heintz ha tenido que escuchar en varias ocasiones por estar soltera y sin hijos.

Según explica, la idea de este proyecto fotográfico surgió mientras hablaba con su madre.“Mamá, no puedo salir a la calle y comprarme una familia. Eso no es posible”, contó.

Fue ahí cuando se dio cuenta de que había una manera. Se compró una familia. Dos maniquíes se convirtieron en su marido y su hija.


Este proyecto fotográfico llamado ‘Life Once Removed’ (‘La vida una vez removida’) busca cuestionar el apego que tenemos a las tradicionales expectativas sobre la familia y los hijos y es una reflexión a las ideas que la sociedad pone en nosotros. Asimismo, la artista hace ver que muchos se empeñan demasiado en querer pasar las tradiciones a las siguientes generaciones. Una de estas tradiciones es el matrimonio.

Heintz señala que tanto hombres como mujeres consideran que para que una mujer tenga una vida plena tiene que cumplir una serie de requisitos en el campo profesional, familiar, afectivo,etc.. Si uno de estos elementos no funciona, parece que hay algo que no está bien.

Suzanne asegura que con este trabajo, quiere que la gente deje de depender de las ideas desfasadas sobre lo que se supone es una vida exitosa.

La foto más impactante para mí es la que nos ofrece una escena matinal en la que el Sr. y la Sra. Heintz están sentados a la mesa. Podemos percibir la rabia, que bordea la tristeza, o viceversa, de la señora Heintz. La señora simplemente está ahí con los labios cotraídos, la mirada perdida, mientras intenta comerse una toronja.


El espectador siente el infierno que vive la señora de la casa. La escena nos obliga a contemplar la vida ficticia y la real de Suzanne. ¿Es ésta la felicidad que la sociedad quiere para ella? ¿Qué tal si ella está verdaderamente contenta con su forma de vivir? ¿Por qué exigirle que sea quien no es, y entre a un matrimonio para callar la sociedad? ¿A eso se llama ser feliz?

No hay felicidad ni éxito sin hijos ni esposo para la mujer. Se puede haber logrado miles de metas, pero el no complementarlo con un matrimonio los hace irrelevantes. No importa que tan plena sea su vida, ésta será vista como una "pobre mujer." Todos sienten lástima por las mujeres exitosas y solteras; a pesar de que ellas están viviendo su vida, tal cual la pensaron, y no siguiendo un esquema.


A la gran mayoría se le escapa que el no casarse ni tener hijos es sólo una opción. Muchas mujeres son felices así, y el vivir en el siglo XXI se lo permite, aun cuando el resto de la sociedad se resista a asimilarlo, y la siga hostigando con preguntas, que más que respuestas buscan explicaciones. Sería genial si en vez de cuestionar la forma cómo una mujer ha elegido vivir su vida, se la aceptara tal cual. 

SOBRE SEXO, POESÍA, Y AMOR: 9 JÓVENES ESCRITORES ESPAÑOLES RECOMENDABLES DE LEER



Ojo: no celebramos el Día de la Poesía en vano (el 21 de marzo). Siempre hay motivos para celebrar un fenómeno creativo, joven y global como es la poesía en nuestro presente. No celebramos el 21 de marzo porque sí: lo hacemos porque debemos.

Por eso compartimos con vosotros 9 poemas de 9 autores muy jóvenes que este año vienen dispuestos a protagonizar nuestras librerías, nuestras bibliotecas y nuestras conciencias. Autores que presentan sus nuevas obras, o que publican las primeras. Algunos han dado el salto a grandes editoriales, otros optan por la edición independiente, y otros incluso prefieren lanzarse al mundo en versión digital. ¿Por qué no? Aquí nuestras 9 recomendaciones:

1. Elena Medel (Córdoba, 1985) es la cabeza indiscutible de una nueva generación de escritores en España. Lleva publicando desde 2001 y ahora ha vuelto a la escena gracias a Chatterton, merecedor del XXVI Premio Fundación Loewe a la Creación Joven. Su poesía es dura y directa. Con un estilo muy narrativo, Elena nos entrega un diario cuyos versos podrían resumir el sentir generacional. “Te estoy hablando del fracaso”, termina diciendo. Pero reconocer eso, reconocerse así y denunciarlo, ya es un triunfo.


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Madurar

era esto:

no caer al suelo, chocar contra el suelo, contemplar el pudrirse de la piel

igual que un fruto antiguo.

Colchón justo para los dos; años que chocan la lengua contra los dientes una y otra vez que se tambalean en la boca

años

del sentido incorrecto.

Con tres hilos de cabeza he tejido mi tiempo:

piensa en vosotros a mi edad, piensa en tres hilos de cabeza, qué te falta, qué te queda; piensa en tres hilos. Quizá

eso, madurar:

quizá Ulises boca abajo, quizá la orilla boca arriba,

eso que queréis me esperará diez años. Pensad en diez caídas; pensad en

diez hilos de cabeza. ¿Aquello? ¿La madurez? ¿Márchate, olor a lavavajillas, déjame con mi sueño?

¿O quizá en la boca uvas para el postre del color

de la rodilla que cae al suelo,

de la rodilla que choca contra el suelo? Me tambaleo. Y era yo el zumo en la garganta, y era yo el frío, era yo

las uñas y el estómago, quién era yo en mis años

con tres, en mi tiempo con diez hilos de cabeza. Hasta mi habitación

por la escalera de incendios un hombre

y su sentido contrario. Diez hilos de cabeza, veinte hilos de su pecho atados a mi pecho,

juro que amé

los golpes de sus piernas. Digo que

madurar era esto: que no pude negarme, digo que mis tres hilos de nada entre los dedos, y juré chocar y el suelo

lo juré. Pensé al suelo la caída

y el choque contra el suelo. Pensé el aliento pensé dije

tres hilos de cabeza: tambaleo.

Pensé en mi edad y pensé en vosotros y pensé

que nadie me avisó de madurar así, junto a la vida y el frío en el cajón

de la fruta que se pudre.


2. Yago Ferreiro (Barcelona, 1982) también es conocido como Fernando Atienza, o como Henry Pierrot, o como H. W. de la Crew, o incluso como Silver Crane Jr. Acaba de publicar el libro “Antología de la poesía espectacular”, un conjunto de cantos a la modernidad, lleno de ironía y de referentes pop. Con su voz abre la colección de poesía de Editorial Pájaro. Con su lírica la carcajada, también, está asegurada.


AL COMIENZO

Salía a las terrazas

y bebía mucha cerveza.

Empeñado en disfrutar de aquel sol asesino

que amenazaba con perpetuarse.

Pronto comencé a resguardarme

en las cómodas butacas de la multisala.

Poco me importaron las películas en cartel.

Tan sólo aquel chorro de aire artificial

que proyectaban sobre mi cuerpo

conseguía emocionarme.


3. Lola Nieto (Barcelona, 1985) acaba de publicar Alambres en la colección Púlsar de Kriller71ediciones. Es un libro desnudo, intenso, enfermo y también medicinal. Lola Nieto ha aterrizado en el panorama con una voz original, en la línea de la maestra Chantal Maillard, y con ella la naturaleza y el cuerpo se unen en una sola palabra para despertarnos.


Dicen que si a una planta se le suministra una cantidad pequeña de sal, la planta no sólo no muere sino que es capaz de cambiar su metabolismo de modo que cuando, más tarde, se le suministran cantidades mayores de sal, el veneno se asimila como sustancia propia y la planta sobrevive. Las plantas no tienen cerebro. Tienen raíces ¿sinapsis en los pies? A veces ni eso. Viven flotando en aguas o en piedras flotan más quietas. A veces ni eso. Se ovillan en el aire y sólo se abren al estímulo de la gota para hacerse bola de nuevo. Hibernan o no sé. Están vivas aunque no tengan hojas y sean un nido de ramitas marrones pero sin nada dentro. Casi vivas. Vida planta. Espero convertirme en árbol o morir.


4. Rafael Banegas Cordero (Barcelona, 1989) es poeta y crítico, reciente ganador del premio Antonio Carvajal. Su libro Simulacro del fríoestá lleno de ironía y superación. Con él dice adiós al frío, y nos ayuda a salir a la superficie, y burlarnos del mundo.

CUESTIONES DE ANATOMÍA

Perdí el dedo pulgar

en una batalla conmigo mismo.

El meñique me lo amputaron por mentiroso;

el anular

por una operación en primavera;

el corazón,

ése lo extravié pensando ante una sopa.

Sólo me quedó el índice.

Y me dediqué a señalar

a todo el mundo.


5. Pilar Cámara (Madrid, 1982). Sus textos están inundados de sexo. Ella es sucia, breve, hija de Bukowski o de Panero. Hace unos meses salió a la venta su primer libro, titulado Rouge. Un título que evoca carmín. Una poesía que significa sangre.
Soy Leopoldo María Panero

Haciendo el boca a boca

A su madre muerta.


6. Juan Bello (Santiago de Compostela, 1986). De él supimos gracias a su blog, que lleva muchos años en línea. Después ganó el Premio García Baena de poesía en La Bella Varsovia y participó en multitud de revistas y antologías. Acaba de publicar Talk about the blues, en donde aúna su pasión por la música y por la literatura. Si leéis sus poemas, al fondo se intuye el ritmo. Así que muy atentos.


beat the devil’s tattoo

como el dorso de una mano el cielo es

naranja o lobo cuando atardece

observo la lenta ceremonia del mar

con mis ojos en cuclillas con mis dedos

llenándose pacientemente de niebla

la ciudad se vuelve sobre sí misma

como un mendigo sobre su sombra las ramas

de los árboles arañan el cielo pero no son

el cielo del mismo modo el pez deletrea

el río pero nunca es el río

observo cómo se extinguen los barcos

cómo se extingue la orilla en el fondo de

la mirada y ya lo sabes soy de los que piensa

que aquello que no podemos ver no existe

o no está donde debiera


7. Belén Benito (Toledo, 1994). La editorial de creación joven La Bella Varsovia, dirigida precisamente por Elena Medel, acaba de publicar “Apuestas”, una antología que reúne a nuevos poetas inéditos, jovencísimos y muy interesantes. De entre sus firmas destacan Arturo Sánchez, Ellen Capriota o María Ferreira. Sin embargo, la voz que más nos ha impresionado es la de Belén Benito. Con sólo 19 años tiene un estilo muy bruto, y una manera muy peculiar de huir del mundo.

¿Qué ocurriría si yo

dijera o dijese ahora

cambien ustedes todos mis etcéteras

escritos hasta

ahora por la palabra

dolor?


8. Arturo Sánchez (Barcelona, 1990) también es autor de Apuestas, este pequeño Kerouac o Bolaño es una de los autores del proyecto 89plus. Su primer libro se puede descargar desde la web Poetry Will Be Made By All, un proyecto internacional que pretende reunir a más de 1000 poetas con motivo de una gran exposición en la LUMA Foundation de Zurich. Un verdadero beat con acento casi francés.


Nadie saldrá vivo de aquí

Las señales de humo hablarán de nuestros fracasos.
La sabiduría canina de la purga
Molesta o
Risible.
Un reloj de sol a la sombra de un túmulo
Se hace tarde.

He visto avenidas desiertas y asesinos caminando en autopistas abandonadas
Bajo el sol que más calienta.

Crece la hiedra en la carretera
En hoteles y rascacielos.

La ciudad devora sus propias tripas
Y jinetes de la muerte cruzarán las calles de semáforos apagados.

Gangrena en el sol del mediodía.

Un hombre se disparó
Frente a un circo.

He visto paseantes abrirse como fruta madura y verter sus entrañas en el asfalto
He visto pechos firmes y redondos pudrirse de gris bajo mis ojos.

La noche por fin volverá a ser negra y…

Y perros salvajes surcarán las calles

¿Quién ha visto el accidente?

Solo yo veo las cuchillas hechas con escaparates rotos acechar en la noche.

He visto un niño tuerto paseando descalzo
Y cuellos rompiéndose solos, cediendo bajo el peso de cabezas imposibles

Y no habrá dónde esconderse.

Lagartos bajo el sol observarán en silencio las masacres.

Lo he visto todo, y el futuro no guardará secretos.
Ya no se guardarán secretos.
Habrá rumores y leyendas sobre un chamán fantasma.
Y todos seremos asesinos.

He visto las olas amasar cadáveres en playas blancas
Y cuerpos secos en acantilados y senderos

He visto las leyendas de mis sueños negros

No podemos dejar de correr
Nadie dormirá en la noche furtiva

En las ciudades caminarán los lobos.
Los he visto en las calles de mi infancia.

Los niños anunciarán a sus madres que hay sangre en cada esquina.

He visto culminar el accidente.

Andaremos descalzos. Empuñaremos cuchillos y puñales y antiguas herramientas.

Volverá la era de las forjas.

Volverá el tiempo de los asesinos.

Acecharemos en las ruinas del Parlamento y la Universidad. 
Vendrás a jugar con nosotros.

Me he visto con barro y sangre pintar mi rostro para la guerra.
Ahora sé que nadie saldrá vivo de aquí.

Habremos extraviado nuestros nombres en pantanos de ceguera
La identidad es una noción perecedera
Y aprenderemos a luchar contra las bestias.

Cada cicatriz añadirá una sílaba a nuestro nombre.
Tendremos nombres cortos.

Y soplarán vientos de demencia en la puesta de sol.

Muertos yacen en el asfalto

Y los niños nacen enfermos.

Seré certero.
Cuando culmine el accidente quiero estar listo.

Y sonarán como nanas canciones de guerra entre el polvo y los pedazos de cristal.

Lo habremos olvidado todo.

En el atardecer rojo y opaco acecharemos tras los coches volcados.

Habremos olvidado a las ratas.

Soy un avistador que espera la llegada del Olvido para culminar la metamorfosis.
No tengáis miedo
El deseo se baña de sangre
Y se acerca la era de los aceros.

El animal legendario ocultará el sol con su vuelo.
Conoceremos su grito
Y volverán a la Tierra los espíritus.

No tengáis miedo
No habrá trampas
Seremos honestos
Y nadie saldrá vivo de aquí.


9. Sara Torres (Gijón, 1991). Esta semana recibimos la noticia de que Sara Torres había ganado el premio Gloria Fuertes de Poesía. Este año, pues, aparecerá el primer libro de esta autora tan íntima, erótica y femenina. Actualmente vive y estudia en Londres. Pronto podremos tener su primer libro en nuestras manos.


APOCATÁSTASIS

Dónde fue a parar

cuál fue la naturaleza

de lo extraviado durante la erosión

Fenix húmedo aún de su última muerte

lloras el lugar de todo lo perdido

tal vez en el lleno de la piedra(...)

-te esfuerzas por abrirla con tus manos-

Pero ahí no

El último paso que precede a la cojera

¿guardas memoria de eso?

¿de la última sacudida del sol

cuando tiñó con sangre la noche?

Pregunta por ti donde nadie te ha visto

porque ya no estabas

Pregunta a quien no sorprendió tu despedida

y tuvo la intuición de tu marcha

mucho antes

Sabrás que te amaron si dicen:

era bella abandonada a esa opulencia

se dejó ir hacia dentro flameante y ciega

ebria de su próxima encarnación

No te opongas

el puro tránsito ya opaca

todo lo que fuiste

Donde el junco pierde rigor

y se entrega procaz a la caricia

Donde el ratón extasiado

conoce otro placer y celebra

de la serpiente su veneno

En la disolución de la culpa

y en el deseo nuevo

Ahí tú