LONGYEARBYEN, LA CIUDAD DONDE NADIE MUERE


¿Hay alguna parte en el mundo dónde es posible nacer y no morir? Si es que existe, suena a algo así como la utopía ideal de Tomás Moro y sería, en consecuencia, un sueño de la razón. Pero resulta que tal ciudad figura en los mapas y alberga a una población de más de 2 mil habitantes.

Todas las fórmulas de los estudiosos en ese tema parecen haber sido encapsuladas en Longyearbyen, capital del archipiélago de las Svalbard y pertenecientes a Noruega.

Ubicada en la isla Spitsbergen, a 78 grados y 15 minutos de latitud norte, muy cerca del Polo Norte, Longyearbyen es la ciudad poblada más septentrional del planeta, con temperaturas que pueden sobrepasar en el invierno los 50 grados bajo cero, donde hay de todo, pero menos cementerios.

A principios del siglo XX, unos exploradores de ciencias desenterraron los cadáveres de unos marineros que habían fallecido de influenza, pensando que el suelo congelado conservaría los virus de la enfermedad gripal. Acertaron y lograron crear una vacuna contra un mal que había desatado la enorme pandemia de 1918. Resultó que los cadáveres estaban en perfecto estado de conservación a causa de la enorme capa de hielo que cubría y rodeaba los ataúdes.

Con el sueño de poder conservar sus cuerpos naturalmente intactos, después de muertos, y poder ser revividos en un eventual futuro, mucha gente comenzó a instalarse en las islas para morir y ser enterrada en ellas.


"A las autoridades no les quedó otro remedio que prohibir las inhumaciones en las islas Svalbard. Más aún, en ningún edificio se permite la construcción de rampas para gente impedida, para que los ancianos minusválidos no puedan instalarse y morir en la ciudad. Si alguien fallece en estas islas, su cadáver es enviado a casa en aeroplano".

Esa es la razón por la que la nadie ha muerto, al menos oficialmente, desde hace 70 años, en Longyearbyen.
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