CON UN ANÁLISIS DE SANGRE PODRÍA SABERSE SI UNA PERSONA TIENE TENDENCIAS AL SUICIDIO

Que la vulnerabilidad al suicidio no es la misma entre todas las personas, incluso estando bajo las mismas situaciones, es algo harto conocido y podríamos decir que hasta lógico. Nuestra reacción ante estas circunstancias difíciles estará acorde siempre a la manera en que nuestro cerebro esté preparado para manejar el estrés.

Dada la subjetividad que rodea a los casos de suicidio, en los últimos años, los científicos se han dedicado de lleno a determinar si entre las personas que recurren a esta vía existe algún factor común orgánico que pueda indicar con antelación su vulnerabilidad para quitarse la vida y al parecer lo han encontrado, como tantas otras cosas, en nuestro genoma. Veamos de qué se trata.

Una mutación podría tener la respuesta

Según un estudio que se ha publicado en el American Journal of Psychiatry, existe un denominador común en las personas que se han suicidado y aquellas que han desarrollado pensamientos o intentos suicidas: la mayoría de ellas presentan una mutación clave en un gen llamado SKA2 que se cree que desempeña un papel vital en la manera en que nuestro cerebro maneja el estrés.

Los estudios han visto que esta mutación no cambia la secuencia de ADN subyacente, pero si la forma en que los genes pueden actuar, ya que provoca que unos compuestos químicos llamados grupos metilo se unan a estos genes en grandes cantidades, cambiando su modo de acción. De hecho, vieron que mientras más metilación poseía el gen SKA2, mayor era la asociación con el riesgo de suicidio en las personas.

Análisis de sangre como prueba

Para probar la factibilidad de este descubrimiento, el grupo de investigadores diseñó un modelo de análisis para buscar a las personas que tuvieran esta “firma genética”, o sea, para determinar los niveles de metilación del gen con un simple análisis de sangre.

Así, de los 325 pacientes empleados, los científicos fueron capaces de predecir en un 80% aquellos que había tenido alguna vez pensamientos suicidas o incluso aquellos que ya lo habían intentado antes. De esas personas, las que tenían un riesgo más alto fueron predichas en un 90% y entre los jóvenes la cifra llegó a un asombroso 96%.

Los científicos están claros que aunque un análisis de sangre no tiene la respuesta absoluta ni es capaz de predecir en su totalidad si alguien intentará quitarse la vida, la identificación de la mutación de este gen mediante un simple examen sí puede probar si la persona tiene una mayor o menor vulnerabilidad al estrés.

Conociéndose desde hace tiempo que es precisamente la mala regulación del estrés lo que lleva a muchas personas a tener pensamientos suicidas, se desprende entonces la utilidad de este método.

El estudio no está exento de posibles controversias y de preocupaciones éticas. Por ejemplo, de aprobarse, se cree que en el futuro uno de sus usos podría ser determinar la resistencia al estrés entre los candidatos a ingresar en el ejército profesional, y de esta manera reducir el riesgo de suicidios en las fuerzas armadas, la cual es especialmente alta entre los militares que han participado activamente en acciones de guerra.
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