INVESTIGACIONES REVELAN QUE TAMBIÉN PODEMOS OLER A TRAVÉS DE LA PIEL


Todos sabemos que la nariz es la parte de nuestro cuerpo que se encarga principalmente de la recepción de los olores y de la que parten los nervios que llevan el mensaje olfativo hasta el cerebro. Sin embargo, en los últimos años, paulatinamente se han ido descubriendo otras zonas del cuerpo que poseen también una cierta cantidad de receptores del olfato y que pueden jugar un papel importante que los científicos se empeñan en dilucidar. Una de las últimas revelaciones fue la presencia de receptores que permiten que nuestra piel pueda "oler". Veamos de qué se trata.

Los receptores olfativos en nuestro cuerpo

Tras años y años de estudios, los científicos han descubierto que en nuestra nariz existen nada menos que unos 350 tipos de receptores olfativos diferentes, muchos de los cuales se especializan en la detección de olores muy específicos por alguna razón evolutiva.

Pero se ha comprobado que también existen alrededor de 150 receptores de este tipo en órganos y tejidos internos, como por ejemplo el corazón, el hígado, el intestino, la próstata y los riñones, los cuales son bastante difíciles de estudiar por su ubicación.

De hecho, se ha comprobado que también poseen receptores olfativos los espermatozoides, y que éstos pueden ser empleados por ellos en su viaje hacia el óvulo en la carrera por fecundarlo.

La piel no se queda atrás

Según han descubierto unos investigadores de la Universidad Ruhr de Bochum, en Alemania, también existen hasta 15 receptores olfativos de los que encontramos en la nariz en las células de nuestra piel. El receptor OR2AT4 llamó especialmente la atención debido a la fuerte reacción que mostró ante un olor bastante usado en la cosmética y la aromaterapia, que seguramente conoces: el olor del sándalo.

Pues resulta que nuestra piel es capaz de “oler” el aroma del sándalo mediante la activación de este receptor olfativo, respondiendo de una manera muy particular. En lugar de enviar un mensaje al cerebro, como lo hacen los receptores de la nariz, en esta ocasión lo que hace es activar las células y estimularlas a dividirse y migrar, dos procesos importantes en la reparación del tejido dañado. Es decir, nuestra piel no puede comunicarnos que el ambiente huele a sándalo, pero puede reaccionar a él.

Esto, como habrás adivinado, tiene un gran potencial para la industria cosmética, pues aceites o cremas a base de sándalo pueden ser empleadas en su justa medida como base para la regeneración del tejido tisular contra las arrugas, para curar heridas, reducir las cicatrices, etcétera.

No obstante, los expertos confiesan que aún quedan importantes estudios por delante, porque se ha comprobado que estos receptores están muy bien afinados y demuestran distintos grados de reacciones ante la misma concentración de sándalo. Esto se debe a que existe una inmensa variabilidad genética en los receptores humanos, por lo que una cierta cantidad de esta sustancia que para unos puede resultar beneficiosa, para otros puede ser neutra o incluso tóxica.

Por lo pronto, se intentan descubrir cuáles son las sustancias que son capaces de “oler” los otros receptores olfativos que tenemos en la piel, y se espera que en el futuro podamos estudiar también con mayor precisión aquellos que tenemos en nuestro interior. Quizás descubramos otras zonas de nuestro cuerpo capaces de sentir olores especiales.
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