SIETE HOBBIES QUE TE HARÁN MÁS INTELIGENTE, SEGÚN LA CIENCIA

Por mucho tiempo se pensó erróneamente que las per­sonas nacían con cierto nivel de inteligen­cia, y que lo mejor que podíamos hacer era vivir según nue­stro poten­cial. Sin embargo, los cien­tí­fi­cos han demostrado que podemos incre­men­tar nue­stro poten­cial y dis­fru­tar mien­tras lo vamos haciendo.

Hoy sabe­mos que al apren­der nuevas habil­i­dades, nue­stro cere­bro está cre­ando nuevos caminos nat­u­rales que le per­miten tra­ba­jar mucho más rápido y de mejor man­era. Por algo la excelente frase del genial Ken Robinson: "No aprendes porque eres inteligente. Eres  inteligente porque aprendes", refriéndose con esta frase a que al aprender es que nos vamos haciendo inteligentes y que siempre debemos seguir aprendiendo más cosas.

 Aquí tienes una lista de siete hob­bies que te harán más inteligente y su por qué.

1. Tocar un instru­mento musical:

Tocar un instru­mento musi­cal te ayuda con la cre­ativi­dad, con habil­i­dades para analizar, para el lenguaje, las matemáti­cas, para tu habil­i­dades motri­ces y más. Si bien son grandiosas ven­ta­jas, algu­nas per­sonas cues­tio­nan que jugando algún deporte en equipo tam­bién se logran estas habil­i­dades. No obstante, a difer­en­cia de los deportes en equipo, un instru­mento musi­cal for­t­alece el cuerpo cal­loso, el cual es el encar­gado de conec­tar los hem­is­fe­rios en tu cere­bro, por medio de nuevas conexiones.

Un cuerpo cal­loso mejo­rado te ayuda con tus habil­i­dades de eje­cu­ción, memo­ria, capaci­dad para resolver prob­le­mas y mejora las fun­ciones de tu cere­bro, sin impor­tar qué tan viejo estás.

2. Leer cualquier cosa:

Los ben­efi­cios de leer son los mis­mos, inde­pen­di­en­te­mente si estás leyendo Juego de Tronos, El libro negro del emprende­dor, La Guía Com­pleta de Inver­sión del Wall Street Jour­nal. La lec­tura reduce el estrés, algo que te hace sen­tir mejor con­tigo mismo e incre­menta los tres tipos de inteligencia–cristalizada, flu­ida y emo­cional. Esto te ayuda resolviendo prob­le­mas, conectando difer­entes peda­zos de conocimiento para tener un mejor día, detectando patrones, enten­di­endo pro­ce­sos e inter­pre­tando acer­tada­mente los sen­timien­tos de las demás personas.

En tu tra­bajo, esto se tra­duce en un mejor entendimiento de cómo suce­den las cosas y en mejo­rar tus habil­i­dades gerenciales.

3. Hacer ejer­ci­cio regularmente:

Hac­erlo de vez en cuando no sirve, oca­sion­al­mente no le vas a ayu­dar a tu inteligen­cia. Cuando haces ejer­ci­cio reg­u­lar­mente es mucho más efec­tivo que hac­erlo de vez en cuando; ya que de man­era con­stante logras que tus célu­las se llenen de una pro­teína lla­mada BDNF, que te ayuda con la memo­ria, la con­cen­tración y el entendimiento. Lo que tam­bién se conoce como agudeza mental.

Algunos cien­tí­fi­cos espec­u­lan que quedarte sen­tado por un largo peri­odo de tiempo tiene el efecto con­trario, afectando el fun­cionamiento de tu cere­bro y tu destreza men­tal.

4. Apren­der un nuevo idioma:

Deja de resolver acer­ti­jos para mejo­rar tu memo­ria y decídete a apren­der un nuevo idioma. Las inves­ti­ga­ciones han demostrado que las per­sonas que son bil­ingües son mejores resolviendo acer­ti­jos en com­para­ción con aque­l­los que sólo hablan uno.

Apren­der un nuevo idioma le per­mite a tu cere­bro desen­vol­verse mejor en cualquier activi­dad que sea deman­dante; esto incluye fun­ciones ejec­u­ti­vas como la planeación y la res­olu­ción de problemas.

Adi­cional­mente, hablar por lo menos dos idiomas afecta pos­i­ti­va­mente tu habil­i­dad para mon­i­torear tu entorno y para enfo­carte mejor en los pro­ce­sos. Inclu­sive, a muchos ejec­u­tivos les dicen que si quieren seguir esca­lando en sus empre­sas, deberían apren­der otro idioma. 

5. Pro­bar tu conocimiento acumulado:

Muchos de los estu­di­antes más inteligentes en el cole­gio y en la uni­ver­si­dad se “matan” para sus exámenes finales y pare­cen dom­i­nar los temas el día final. El prob­lema con esto es que ten­demos a olvi­dar lo apren­dido muy rápido, ya que, rara­mente, si es que sucede alguna vez, te exi­gen repe­tir este conocimiento en la misma forma que el examen.

Esta es una de las razones para apren­der un nuevo idioma, ya que esta requiere de un apren­dizaje acu­mu­lado; el cual con­siste en repe­tir una y otra vez las pal­abras, la gramática y el vocab­u­lario para poder mejo­rar tus habil­i­dades en el nuevo idioma.

Aplica el con­cepto de apren­dizaje acu­mu­lado para tu día a día y en tu lugar de tra­bajo, hazlo lle­vando un reg­istro de los nuevos conocimien­tos que vas adquiriendo; tales como una lec­ción de un libro que lees, de una recomen­dación que recibes en una nego­ciación o entre­vista, o un con­sejo que te dan. Imple­menta esta metodología en tu estilo de vida, y en corto tiempo habrás mejo­rado mucho.

6. Ejercita tu cerebro: 

Sudoku, acer­ti­jos, rompecabezas, video­jue­gos, jue­gos de mesa, jue­gos de car­tas, entre otros, incre­men­tan tu neu­ro­plas­ti­ci­dad, es decir, el fun­cionamiento de tus neu­ronas. Esto implica una gran var­iedad de cam­bios en la secuen­cia de tus neu­ronas y en la habil­i­dad de tu cere­bro para reor­ga­ni­zarse a si mismo.

Cuando los nervios de tus célu­las respon­den de una forma nueva, esto incre­menta tu neu­ro­plas­ti­ci­dad, lo que te per­mite tener nuevos pun­tos de vista y tener un mejor entendimiento de las emo­ciones y com­por­tamien­tos. En pocas pal­abras, recono­ces nuevos patrones y tus habil­i­dades cog­ni­ti­vas mejoran.

Incluso, las per­sonas con una neu­ro­plas­ti­ci­dad alta tienen menos prob­a­bil­i­dades de sen­tir ansiedad y depre­sión, y apren­den y mem­o­rizan mucho más rápido.

7. Med­i­tar:

En 1992 el Dalai Lama invitó al cien­tí­fico Richard David­son a que estu­di­ara su cere­bro mien­tras él med­itaba, para ver si era capaz de generar ondas cere­brales. Resultó que, cuando el Dalai Lama y otros mon­jes se enfo­caron en med­i­tar y con­cen­trarse en la com­pasión, sus cere­bros gener­aron ondas que mostra­ban que esta­ban en un estado pro­fundo de compasión.

La med­itación se vuelve intere­sante para las per­sonas ambi­ciosas, ya que el estu­dio indi­ca que tú puedes con­tro­lar tus ondas cere­brales, sin­tiendo lo que quieras sen­tir cuando lo quieras sen­tir. Esto quiere decir que tú puedes sen­tirte más poderoso antes de una nego­ciación o más con­fi­ado cuando vayas a pedir un aumento.


Vía Emprendiendo Historias
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