ARTE

CUENTO: LA MUERTE LLAMA


(La obra se desarrolla en la habitación de los Ackerman, un matrimonio que vive en una casa de dos plantas, en algún lugar de Kew Gardens. El dormitorio está alfombrado y tiene una amplia cama de dos plazas y una cómoda. Es una habitación elegantemente amoblada, con cortinados, y en las paredes pueden verse varios cuadros y un barómetro bastante feo. Mientras sube el telón, se escucha música suave. Nat Ackerman, un fabricante de ropa calvo y panzón, de 57 años, está recostado en la cama terminando de leer el Daily News. Tiene puesta una bata y unas pantuflas, y lee con la ayuda de una lámpara colocada en la cabecera de la cama. Es cerca de medianoche. De pronto, se oye un ruido. Nat se levanta y mira hacia la ventana.)

NAT: ¿Qué demonios fue eso?
(Una figura sombría, cubierta con una capa, trepa torpemente y trata de meterse por la ventana. El intruso tiene una capucha y ropa ajustada, todo de color negro. La capucha cubre su cabeza, pero no su rostro, que es muy blanco. Se trata de un hombre de mediana edad, que se parece un poco a Nat. El hombre resopla con fuerza y cae adentro de la habitación.)

LA MUERTE (quién más podría ser): Por Dios, casi me rompo la nuca.

NAT (que la observa sorprendido): ¿Quién es usted?

LA MUERTE: La Muerte.

NAT: ¿Quién?

LA MUERTE: La Muerte. ¿Me puedo sentar? Casi me rompo la nuca, estoy temblando como una hoja.

NAT: ¿Quién dijo que era?

LA MUERTE: La Muerte. ¿Me das un vaso de agua?

NAT: ¿La Muerte? ¿Cómo “la Muerte”?

LA MUERTE: ¿Qué parte no entiendes? ¿No ves la ropa negra y la cara blanca?

NAT: Sí.

LA MUERTE: ¿Acaso es Halloween?

NAT: No.

LA MUERTE: Entonces soy la Muerte. Ahora, ¿me darías un vaso de agua, o Coca Cola?

NAT: Si se trata de una broma…

LA MUERTE: ¿Qué broma? ¿No eres Nat Ackerman y tienes 57 años? ¿Ésta dirección no es Pacific Street 118? Salvo que me haya confundido… ¿Dónde puse la hoja de visitas? (Busca en el bolsillo y finalmente saca una tarjeta con una dirección. Los datos parecen coincidir.)

NAT: ¿Qué quieres de mí?

LA MUERTE: ¿Qué quiero? ¿Qué te parece que quiero?

NAT: Debes estar bromeando. Estoy en perfecto estado de salud.

LA MUERTE (sin escucharlo): Ajá… (Mira alrededor). Lindo lugar, ¿lo decoraron ustedes?

NAT: Contratamos a una decoradora, pero nosotros la ayudamos.

LA MUERTE (mirando un cuadro en la pared): Me encantan esos niños con ojos grandes.

NAT: No me quiero ir todavía.

LA MUERTE: Ajá, el señor no se quiere ir. Te pido por favor, no empieces con todo eso. Todavía estoy mareado por trepar hasta acá.

NAT: ¿Por trepar?

LA MUERTE: Sí, trepé por el caño de desagüe. Quise hacer una entrada dramática. Vi los ventanales, estabas leyendo, y se me ocurrió que iba a quedar bien. Pensé: “Subo, y hago una entrada con dramatismo, algo especial… (Chasquea los dedos) ¿Se entiende? Pero resulta que se me engancha el talón en una enredadera, se rompe el caño de desagüe, y me quedo colgando de un hilo. Y encima, se me desgarra la capa... Vamos, vámonos de una vez que fue una noche terrible.

NAT: ¿Me rompiste el caño de desagüe?

LA MUERTE: Bueno, tanto como romper… No se rompió, se dobló un poquito... ¿No escuchaste nada? Me di un golpe tremendo contra el piso.

NAT: Es que estaba leyendo.

LA MUERTE: Claro, se ve que estabas muy concentrado. (Levanta el diario que Nat estaba leyendo). “ADOLESCENTES EN ORGÍA DE DROGAS”. ¿Me lo puedo llevar?

NAT: Todavía no lo terminé de leer.

LA MUERTE: Bueno, no sé cómo decírtelo, pero justamente…

NAT: ¿Y por qué no tocaste el timbre, y listo?

LA MUERTE: Es lo que te estaba explicando, podría haber tocado el timbre, pero ¿cómo iba a quedar? En cambio así, podía lograr un efecto dramático, algo especial. ¿No leíste Fausto?

NAT: ¿Qué cosa?

LA MUERTE: ¿Y si tenías visitas? Supongamos que estás conversando con gente importante. ¿Yo soy la Muerte y voy a tocar el timbre y a entrar como si nada? Qué poco sentido común.

NAT: Escuche, señor, ya es muy tarde…

LA MUERTE: Es cierto, vamos.

NAT: ¿Vamos a dónde?

LA MUERTE: Hacia la muerte, al Más Allá, la Tierra Prometida, todo eso. (Mirándose la rodilla). Epa, qué feo corte me hice. Mi primer trabajo, y me puedo agarrar gangrena.

NAT: Espera un minuto. Necesito tiempo, todavía no estoy preparado para morir.

LA MUERTE: Lo siento mucho pero no te puedo ayudar. Me gustaría, pero te llegó la hora.

NAT: ¿Cómo es posible? Acabo de asociarme con Modiste Originals.

LA MUERTE: ¿Y qué diferencia hay, por un par de billetes más o menos?

NAT: Claro, a ti qué te importa, ¿no? Seguro que ustedes tienen todos los gastos pagos.

LA MUERTE: ¿Podemos irnos?

NAT (mientras lo estudia con detenimiento): La verdad, no puedo creer que seas la Muerte.

LA MUERTE: ¿Por qué? ¿Qué te imaginabas? ¿Qué era parecido a Schwarzenegger?

NAT: No, no es eso…

LA MUERTE: Pues lo siento si te desilusioné.

NAT: No lo tomes así. No sé, siempre pensé que serías… no sé… más alto…

LA MUERTE: Mido 1,73. Es la altura promedio para mi peso.

NAT: Es que te pareces a mí.

LA MUERTE: ¿Y a quién me voy a parecer? Soy tu muerte.

NAT: Dame un poco de tiempo, un día más.

LA MUERTE: No puedo, ¿qué quieres que haga?

NAT: Un día más, sólo 24 horas.

LA MUERTE: ¿Para qué? En la radio dijeron que mañana va a llover.

NAT: ¿No podemos pensar en una solución?

LA MUERTE: ¿Qué solución?

NAT: ¿Juegas al ajedrez?

LA MUERTE: No.

NAT: Pero una vez vi un cuadro donde estabas jugando ajedrez.

LA MUERTE: Pues no era yo, porque no juego ajedrez. Gin rummy, puede ser.

NAT: ¿Juegas gin rummy?

LA MUERTE: ¿Que si juego gin rummy? 


NAT: Ah, juegas bien, eh.

LA MUERTE: Muy bien.

NAT: Te diré lo que vamos a hacer…

LA MUERTE: No intentes hacer tratos conmigo.

NAT: Juguemos gin rummy. Si ganas, me voy sin chistar. Si yo gano, me das un poco más de tiempo, sólo un día.

LA MUERTE: ¿Y quién tiene tiempo para jugar gin rummy?

NAT: Ah, bueno, si juegas tan bien…

LA MUERTE: Aunque podría jugar un par de manos…

NAT: Vamos, sé bueno, juguemos media hora.

LA MUERTE: La verdad, no debería…

NAT: Tengo las cartas acá mismo, no te hagas rogar.

LA MUERTE: Bueno, está bien, juguemos un rato. Me va a ayudar a relajarme.

NAT (mientras trae cartas, papel y lápiz): No te arrepentirás.

LA MUERTE: No me hables como un vendedor. Trae las cartas y Coca Cola, y algo para comer. Por el amor de Dios, te cae una visita y no le ofreces ni unas papas fritas.

NAT: Abajo tengo M & M.

LA MUERTE: ¿M & M? ¿Y si viene el Presidente? ¿También le vas a ofrecer M & M?

NAT: Tú no eres el Presidente.

LA MUERTE: Reparte.
(Nat reparte las cartas y saca un cinco.)

NAT: ¿Quieres apostar diez centavos por punto, para que sea más interesante?

LA MUERTE: ¿No es bastante interesante para ti?

NAT: Juego mejor cuando hay dinero de por medio.

LA MUERTE: Como quieras, Newt.

NAT: Me llamo Nat, Nat Ackerman. ¿Acaso no sabes mi nombre?

LA MUERTE: Newt, Nat…es que tengo un dolor de cabeza...

NAT: ¿Vas a tomar ese cinco?

LA MUERTE: No.

NAT: Entonces levanta otra carta.

LA MUERTE (mirando sus cartas mientras levanta): Por Dios, no tengo nada.

NAT: ¿Cómo es?

LA MUERTE: ¿Cómo es, qué cosa?
(A medida que transcurre el siguiente diálogo, ambos levantan y dejan cartas en el mazo.)

NAT: La muerte.

LA MUERTE: ¿Cómo va a ser? Te quedas ahí acostado.

NAT: Digo, ¿hay algo después de la muerte?

LA MUERTE: Ajá, estás juntando sietes.

NAT: Te estoy preguntando algo, ¿hay algo después de la muerte?

LA MUERTE (con tono distraído): Ya vas a ver.

NAT: Ah, entonces, ¿hay algo para ver?

LA MUERTE: Bueno, a lo mejor no fue la mejor manera de expresarme. Tira una carta.

NAT: Cuesta bastante hacerte hablar, eh.

LA MUERTE: Estoy jugando a las cartas.

NAT: Está bien, juega, juega.

LA MUERTE: Y encima, no hago más que darte las cartas que necesitas…

NAT: No espíes las cartas del mazo.

LA MUERTE: No estoy espiando, las estoy ordenando. ¿Con qué carta se corta?

NAT: Con cuatro. ¿Ya vas a cortar?

LA MUERTE: ¿Quién dijo que voy a cortar? Solamente pregunté con qué carta se corta.

NAT: Y yo solamente pregunté si debo esperar que haya algo después.

LA MUERTE: Juega de una vez.

NAT: ¿No me puedes decir nada? ¿A dónde vamos a ir?

LA MUERTE: ¿Vamos? Para serte sincero, tú eres el que se cae desplomado al piso.

NAT: Qué divertido… ¿Me va a doler?

LA MUERTE: Va a ser cuestión de segundos.

NAT: Perfecto… (Suspira). Justo esto necesitaba… Justo ahora que me asocié con Modiste Originals…



LA MUERTE: Acá tengo cuatro puntos, ¿qué tal, eh?

NAT: ¿Estás cortando?

LA MUERTE: Con cuatro puntos gano, ¿no?

NAT: No, porque yo tengo dos.

LA MUERTE: No puede ser.

NAT: Perdiste.

LA MUERTE: Y yo pensaba que estabas juntando sietes.

NAT: Pero no. Te tocar dar. Tengo veinte puntos, reparte. (La Muerte mezcla y reparte). Así que me tengo que caer al piso, eh. ¿No puedo caer sobre el sofá?

LA MUERTE: No. Juega.

NAT: ¿Por qué no?

LA MUERTE: ¡Porque te caes al piso! Déjame en paz, estoy tratando de concentrarme.

NAT: Lo único que quiero saber es por qué tiene que ser en el piso. Es lo único que digo. ¿No puedo estar cerca del sofá?

LA MUERTE: Voy a hacer lo que pueda. Ahora, ¿podemos jugar?

NAT: Bueno, bueno, es lo único que quería saber. Me haces acordar a Moe Lefkowitz, él también es muy testarudo.

LA MUERTE: ¡Le hago acordar a Moe Lefkowitz! Soy uno de los personajes más terroríficos que alguien pueda imaginar, y le hago acordar a Moe Lefkowitz. ¿Quién es, un peletero?

NAT: Y qué peletero. Gana ochenta mil por año. Hace pasamanerías, tiene una fábrica. Dos puntos.

LA MUERTE: ¿¿Qué??

NAT: Corto con dos puntos. ¿Cuánto tienes?

LA MUERTE: Tengo tantos puntos que mi mano parece un tablero de básquet.

NAT: Y había que juntar espadas.

LA MUERTE: Si no hablases tanto…
(Vuelven a mezclar y a repartir.)

NAT: ¿Qué quisiste decir antes, cuando dijiste que éste era tu primer trabajo?

LA MUERTE: ¿Y qué te pareció que quise decir?

NAT: ¿Cómo? ¿Ninguna otra persona murió antes que yo?

LA MUERTE: Por supuesto que hubo muchos antes. Pero no fui yo el que se los llevó.

NAT: ¿Y entonces, quién?

LA MUERTE: Otros.

NAT: ¿Hay otros?

LA MUERTE: Claro. Cada uno tiene su método personal.

NAT: Pero yo no sabía eso.

LA MUERTE: ¿Y por qué ibas a saberlo? ¿Quién eres tú para saberlo?

NAT: ¿Cómo quién soy? ¿Qué, no soy nada?

LA MUERTE: Nada no, eres un fabricante de ropa. Lo que no entiendo es por qué un simple fabricante de ropa tiene que conocer la verdad sobre los misterios eternos.

NAT: Pero por favor, ¿qué estás diciendo? Gano muy bien. Mandé a mis dos hijos a la universidad. Uno trabaja en publicidad, y mi hija está casada. Tengo mi propia casa, manejo un Chrysler. A mi esposa no le falta nada: criadas, abrigo de visón, vacaciones… Ahora mismo está en Eden Roc, a cincuenta dólares por día, porque quería estar cerca de su hermana. Se supone que voy a buscarla la semana que viene. ¿Qué te crees, que soy un vagabundo que te encontraste por la calle?

LA MUERTE: Bueno, está bien, no seas tan susceptible.

NAT: ¿Y quién es susceptible?

LA MUERTE: ¿Y además, tú cómo te sentirías si te insultasen apenas llegas a un lugar, eh?

NAT: ¿Yo te insulté?

LA MUERTE: ¿No dijiste que te desilusionaba verme?

NAT: ¿Y qué querías? ¿Qué haga una fiesta en tu honor?

LA MUERTE: No es eso, hablaste de mi apariencia. Que si soy muy bajo, que si soy esto o aquello…

NAT: Dije que te parecías a mí. Como un reflejo.

LA MUERTE: Oh, está bien, mezcla, mezcla.

(Continúan jugando mientras la música se eleva suavemente y las luces se apagan hasta quedar en la oscuridad. Lentamente, las luces vuelven a encenderse. Han pasado unas horas y el juego acaba de terminar. Nat está sumando los puntos.)

NAT: Sesenta y ocho… ciento cincuenta… Bueno, perdiste.

LA MUERTE (Mirando el mazo con tristeza): Yo sabía que no tenía que tirar ese nueve. Maldición.

NAT: Entonces, nos vemos mañana.

LA MUERTE: ¿Cómo que nos vemos mañana?

NAT: Me gané un día más, ahora vete.

LA MUERTE: ¿Era en serio?

NAT: Hicimos un trato.

LA MUERTE: Sí, pero…

NAT: Nada de peros, gané 24 horas. Vuelve mañana.

LA MUERTE: No sabía que realmente estábamos jugando por tiempo.

NAT: Pues lo siento. Presta atención cuando te hablan.

LA MUERTE: ¿Y a dónde voy a ir durante 24 horas?

NAT: ¿Y a mí qué me importa? Lo principal es que gané un día más.

LA MUERTE: ¿Qué quieres que haga, que vague por las calles?

NAT: Instálate en un hotel, y después puedes ir al cine. No sé, come algo por ahí. No hagas tanto alboroto por una pavada.

LA MUERTE: Vuelve a sumar los puntos.

NAT: Y además me debes 28 dólares.

LA MUERTE: ¿¿Qué??

NAT: Así es, amigo, aquí está, lee tú mismo.

LA MUERTE (mientras busca en sus bolsillos): Tengo algo de plata, pero no llego a 28 dólares.

NAT: Aceptaré un cheque.

LA MUERTE: ¿¿De qué cuenta??

NAT: Miren con quién hago tratos.

LA MUERTE: Y qué quieres que haga, denúnciame. ¿Dónde voy a tener una cuenta corriente?

NAT: Está bien, dame lo que tengas y lo dejamos ahí.

LA MUERTE: Escucha, necesito ese dinero.

NAT: ¿Para qué?

LA MUERTE: ¿Cómo para qué? Vamos al Más Allá.

NAT: ¿Y?

LA MUERTE: ¿Y? ¿Sabes lo lejos que queda?

NAT: ¿Y?

LA MUERTE: ¿Y entonces, cómo pago el peaje?

NAT: ¿¡Vamos en auto!?

LA MUERTE: Ya te vas a enterar. (Con tono nervioso). Mira, voy a volver mañana, y quiero que me des la oportunidad de recuperar ese dinero. Si no, voy a estar en graves problemas.

NAT: Lo que quieras. Jugamos doble o nada. Puede ser que me gane una semana, o un mes más. Por la forma en que juegas, quizás hasta años.

LA MUERTE: Mientras tanto, me quedé seco.

NAT: Te veo mañana.

LA MUERTE (Mientras se acerca a la puerta): ¿Dónde hay un buen hotel? Qué digo, si no tengo dinero. Me voy a sentar en alguna plaza. (Toma el diario).

NAT: Fuera, fuera, ése es mi diario. (Se lo saca).

LA MUERTE (Mientras se marcha): No podía agarrar al tipo y llevármelo, no. ¡Tenía que ponerme a jugar gin rummy!

NAT (Hablándole desde la puerta): Cuidado al bajar, uno de los escalones tiene una madera floja…

(De inmediato, se escucha un golpe terrible. Nat suspira, se acerca a la mesa de luz y hace una llamada).

NAT: ¿Hola, Moe? Soy yo. Escucha, no sé si alguien me hizo una broma o qué, pero la Muerte acaba de visitarme. Jugamos un poco de gin rummy… No, la Muerte. ¡Sí, en persona! O alguien que decía que era la Muerte. Pero… ¡es tan idiota!





Autor: Woody Allen

About Miguel E. López Dávila

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