CULTURA

LA RAZÓN DE QUE LOS HUMANOS TENGAMOS ROSTROS TAN DIFERENTES

La extraordinaria diversidad que podemos encontrar en los rasgos faciales humanos es prácticamente infinita y mucho más marcada que lo que encontramos en otras especies, incluidos el resto de los primates. Esto ha intrigado notablemente a los científicos que estudian la evolución de nuestra especie, quienes han intentando encontrar el por qué de esta característica tan peculiar. Hoy vamos a conocer los resultados de un estudio muy completo que cree haber dado con la respuesta capaz de explicar por qué hay tantas diferencias entre los rostros humanos.

Algunos detalles de este estudio

Para realizar el estudio, científicos de la Universidad de California emplearon una serie de datos morfométricos recogidos durante años por el ejército de EE.UU y que eran empleados para la confección de uniformes militares. Para no quedarse sólo en el aspecto físico y llegar más allá, también se sirvieron de la genómica y recogieron datos del ADN de alrededor de mil personas, que habían sido obtenidos por otro proyecto desde el 2008 hasta la fecha.

Valiéndose de todo esto, los científicos encontraron que los rasgos faciales son bastante más variables que otras características corporales, como pueden ser por ejemplo la longitud de la mano o las piernas. También llamó la atención que estos rasgos de la cara son mucho más independientes entre sí que otras proporciones corporales.

Necesidad de reconocimiento individual

Cuando analizaron el genoma, se encontraron a su vez variaciones genéticas mucho mayores en las regiones de ADN que controlan las características faciales que en otras partes, los cual es un indicador de lo ventajosa que ha resultado, en términos evolutivos, la diversidad de nuestros rostros.

Estos resultados condujeron a los científicos a concluir que las sorprendentes variaciones que encontramos en nuestras caras son el resultado de la presión evolutiva, que ha condicionado que cada uno de nosotros sea único y fácilmente reconocible, facilitando así las interacciones sociales y nuestra necesidad de ser identificables.

Otros animales han evolucionado más hacia el perfeccionamiento del olfato o la distinción de los sonidos para identificar a otros individuos particulares, por lo que sus rostros no han tenido la importancia que en nosotros, y sus caras, consecuentemente, muestran menor variabilidad. Los humanos hemos evolucionado claramente en otro sentido.

De hecho, en nuestro cerebro hay incluso una parte especializada en el reconocimiento facial, lo cual ha debido formarse poco a poco a través de los millones de años de evolución y gracias a la estructura social que hemos ido adoptando los humanos.

Por cierto, según el estudio, nuestros primos ancestrales los neandertales y los denisovanos, también muestran una gran variabilidad genética en la zona que codifica el rostro, lo que indica claramente que el desarrollo de esta característica empezó bien temprano. Por ello hoy se hace extraordinariamente difícil encontrar caras muy similares entre nosotros, exceptuando casos muy particulares como por ejemplo, el de los gemelos idénticos.

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